Carlossalazararquitectos

LA VISITA DE CAMUS by Carlos Salazar

Albert Camus

Albert Camus

Hoy me encontraba en el despacho tratando de acabar de encajar un proyecto que últimamente ha ocupado gran parte de mi tiempo. Como ocurre siempre en el proceso de diseño, todo son dudas que a medida que voy resolviendo aparecen otras cuestiones que hay que encajar con lo logrado.  Justo cuando ha llegado el momento de máxima concentración en el que estaba totalmente absorto con lo que hacía ha sonado el timbre de la puerta de entrada. Un poco contrariado me dirijo hacia la puerta no sin quitar el ojo a las últimas líneas que acababa de trazar sobre el papel metido mentalmente en ese barullo. Al abrir, atónito veo que Albert Camus está plantado frente a mi puerta con cara sonriente, me quito las gafas de presbicia para contemplar mejor esa escena y comprobar si es cierta o ando confundido por mi estado anterior. Efectivamente, es él, lo reconozco por una imagen de él que conservo en la memoria. Lleva un abrigo largo de solapa, ancha una bufanda al cuello dejada caer por su pecho y un pitillo en la boca. Lo primero que se me ocurre es decirle Bonjour Monsieur, él me da los buenos días y me pide poder pasar al interior.

A partir de aquí hay que imaginar la conversación en francés, un idioma en el cual me defiendo pero que a bote pronto fallo en fluidez. Puedo haber impartido clases y conferencias en Francia, en Marruecos, sobre arquitectura y paisajismo pero, en fin, no es lo mismo encontrarte en la tesitura de conversar con Camus en su idioma natal. Yo le invito amablemente a pasar extrañado y excitado a partes iguales por la visita de tal personaje ilustre. Le pido que por favor se acomode como le plazca e intentando buscar un hilo de conversación al inesperado encuentro le ofrezco un té o café y me contesta de inmediato que hace ya mucho tiempo que no necesita nada de eso. Él mismo toma una silla y se sienta junto a la mía, frente a los dibujos que me tenían ocupado antes de su interrupción. Tratando de hacer la visita amena y percibiéndolo expectante como si quisiera que le contase algo, de repente se me ocurre hablarle de que cuando visité en varias ocasiones la ciudad de Argel y me acerqué a ver la ruinas romanas de Tipasa (antigua Tefessedt) encontré una placa dedicada a su memoria. No hubo tiempo, para mayor sorpresa, se me adelantó preguntando sobre los dibujos que había encima de la mesa y que yo acababa de interrumpir para atender la visita. La verdad es que me sentí reconfortado porque ese era un tema del que podría estar hablando largo y tendido.

Los proyectos de arquitectura, durante el proceso de elaboración, generan en el arquitecto un estado obsesivo y absorbente, quizás parecido al de quien ha sufrido algún tipo de shock por, por ejemplo, un accidente de tráfico al que ha sobrevivido y ya no puede dejar de pensar en él, reconstruir la escena en su mente. Uno se puede convertir en un ser monotemático que no sabe desconectar y su alivio pasa por buscar las victimas propicias para desahogarse en una especie de vomitera mental resacosa… Con el proyecto que me ocupaba ahora no era diferente. Así pues le expliqué cómo había ido hasta ese momento el encargo, las reuniones con los clientes expresando necesidades, gustos, preocupaciones y cómo estaba  estructurando yo todo ese mundo sobre esa base y mi experiencia como arquitecto, me atrevería a decir casi como improvisado psicólogo. Camus se mostró muy interesado y después de oírme empezó a hacer numerosas observaciones que yo encontré que tenían mucho sentido dentro del proyecto y también cargadas de sentido común en general, eran como una lección de vida. Todas sus observaciones las encontré tan sugerentes que me puse a dibujar a medida que las iba enumerando modificando el diseño que había sobre la mesa. Al notar mi entusiasmo y decirle que no quería tampoco acapararlo me contestó que tenía todo el tiempo del mundo, que nadie lo esperaba. Así, después de un buen rato, teníamos un diseño global parecido al de partida pero se había quedado reducido a la mitad aproximadamente. Al verme aturdido y pensativo por el resultado Camus salió al paso resumiéndome lo que había ocurrido y descubriéndome que la mayoría de las veces con menos se puede decir lo mismo, que prácticamente todo puede reducirse.

Vivimos con muchas cosas superfluas dando demasiada importancia a lo accesorio, sin ser conscientes de lo que es la vida en realidad, nos dejamos llevar siempre preocupados todo el tiempo por el presente y sobe todo temerosos por un futuro que quizás no llegue o que no sea tal cual imaginamos, víctimas del orgullo que nos hace torpes, patéticos y en ciertas ocasiones incluso a nuestro perjuicio. Yo oía atentamente sin cuestionar nada pero fruncía el ceño asintiendo levemente contrariado porque cada proyecto lleva muchas, muchísimas horas de trabajo y había invertido cantidades ingentes de tiempo en ello. La verdad es que tengo tendencia a escuchar y respetar todas las opiniones que estén fundamentadas o sean resultado de una experiencia vital solvente, en este caso mucho más por ser de alguien que ya ha vivido y sabe bien lo que es la muerte, aunque de eso último no llegue a preguntarle. Yo le agradecía la lección que me estaba dando pero pensaba al mismo tiempo: “¿Esta visita con este sermón es sólo para mí o se trata de una campaña de concienciación de arquitectos o de la gente en general?”

Estaba muy confuso con todo lo ocurrido hasta el momento cuando volvió a sonar el timbre de la puerta. Era mi vecina, que muy amablemente me decía que iba a salir a la calle y que dado el tremendo frío que hacía podía aprovechar el viaje y traerme algo de compra a mí también si me hacía falta. Camus, que oyó el ofrecimiento de la vecina desde su silla me gritó apresurado antes de perder la oportunidad una sugerencia: “¿Por qué no empezamos a hacer el proyecto ya que ha que dado definido?” Me quedé parado un momento  y por respeto a la voluntad de un muerto, elaboré rápidamente una lista mental de lo que podríamos necesitar, al menos para arrancar el proyecto. Así pues le dije a mi vecina: “Te agradezco mucho el ofrecimiento porque ahora mismo necesitamos una buena caja de herramientas completa, una taladradora con gran variedad de brocas, un nivel, una cinta métrica y al menos 25 placas de paneles de cartón yeso tipo “Pladur” de 12mm con todos los perfiles metálicos de soporte, cinta tapajuntas”. Una vez recitada toda la lista la vecina no perdía la sonrisa amable del principio incluso me dijo que no me preocupara que eso estaba hecho. Al darme la vuelta Camus ya no estaba en su sitio, tampoco en la sala. ¿Podía haber ido al baño? Claro que no, no lo necesitaba, estaba muerto, está muerto, aunque eso no me extrañó en ningún momento (lo de estar hablando con un muerto). Por prudencia ante lo desconocido decidí sentarme en mi silla, ahí empecé a darle vueltas a lo ocurrido. Menos mal que la visita fue de alguien que habla francés, no sé qué hubiese pasado si hubiese venido Wagner o Nietzsche, de alemán sí que no entiendo ni hablo nada. Y ¿Por qué vino Camus?

Otro ruido perturbador pero familiar que no acabo de reconocer me distrae de mis pensamientos y de repente me encuentro mirando el techo de mi dormitorio… Así fue, era un sueño. Repaso divertido el sueño, corro a buscar bolígrafo y papel para apuntarlo y no perder ningún detalle. Mi mente ha seguido trabajando mientras dormía, y con visitas tan privilegiadas como esclarecedoras, ¡Ni durmiendo se llega a desconectar! Utilicé el sueño para resolver aquel proyecto, aunque nunca antes lo había contado y ni los clientes, ni mis compañeros, colegas ni amigos lo sabían hasta ahora mismo, pero Camus, mientras dormía, formó parte de mi equipo en Carlos Salazar Arquitectos. Hay que ver cuántas cosas esconde un arquitecto. Me gusta la idea de compartir estas historias; para los profanos quizás resultarán curiosas, algunas divertidas, otras menos, pero que de cualquier modo nos acercan para entendernos mejor. Para los colegas y profesionales del sector intuyo que serán útiles en cierto modo o, como mínimo, les harán sentir comprendidos porque seguro que compartimos más de un secreto.

Arquitectura sin contexto, sin complejos, sin prejuicios by Carlos Salazar

Frank Gehry

“Un servidor del capitalismo espectáculo”, así definió la figura de Frank Gehry durante una lectura de tesina en 2012 un catedrático de proyectos arquitectónicos que formaba parte del tribunal, no sin antes lanzar una serie de reproches por el hecho de dedicar o, según su retórica, “malgastar" tiempo y energías en investigar sobre su obra. Preservaremos su anonimato si bien es cierto que existen numerosos detractores de la obra de Gehry acusándolo de ser un arquitecto estrella cuyo trabajo es puramente formalista y carente de cualquier contenido que lo dote de interés. Cabe aquí confesar que durante algún tiempo no había lugar a declarar preferencia alguna por Gehrypor mero pudor a la reacción o los comentarios que se pudieran generar en el entorno profesional o académico.

El primer ejemplo que me provocó una mirada detenida sobre su figura fue su casa de Santa Mónica en Los Ángeles. Se trataba de laampliación de una modesta casa californiana de madera típica de los años cincuenta. La visión de las imágenes publicadas de ésta resultaba desconcertante. Tenía el aspecto de un collage en tres dimensiones autoconstruido por un individuo en sus ratos libres con dudosa maña para el bricolaje. 

Otra obra de la misma época construida no lejos de su casa en Los Ángeles, el Chiat Day en Venice Beach, también polémica, fue la que provocó una mirada más atenta para curiosear el trabajo de Gehry. Es un edificio cuya fachada a la calle la componen tres partes muy diferenciadas. En el centro se sitúa la puerta principal que está definida por unos prismáticos erguidos a una escala tal que permite la entrada de personas y vehículos. Una lectura inmediata puede que nos lleve a pensar que se trata de una ocurrencia o un chiste, pero si nos detenemos un momento y prestamos la atención suficiente, veremos que esos prismáticos son obra de uno de los grandes artistas del Pop Art americano, se trata de Claes Oldenburg, así la cosa era diferente. Este hecho nos retrotraía a tiempos del Renacimiento o del Barroco en donde las fachadas de los edificios eran decoradas por artistas de renombre o por el propio arquitecto en su labor de escultor. Si la historia da pleno reconocimiento a Borromini, Bernini o a Miguel Ángel como artistas y arquitectos a la vez, siguiendo esa misma lógica es factible que un arquitecto contemporáneo pueda ser a la vez un artista o trabaje con supuestos artísticos. Todo ello chocaba frontalmente con ese racionalismo europeo convertido en religión por los seguidores de Le Corbusier y Mies y que se seguía inculcando en las escuelas de arquitectura. Ni decir tiene que adoptar esa actitud pop en las aulas era un suicidio anunciado. El interés por el trabajo de Gehry ha ido creciendo entre los escépticos alimentado sobre todo por la valoración positiva que hacían críticos y arquitectos considerados referentes de opinión o de saber hacer como es el caso de Rafael Moneo y Siza Vieira

En una breve aproximación al personaje diremos queGehry no está interesado en hacer proselitismo con su obra, así lo transmite al afirmar: “Tengo un problema con todo lo llamado “escuela”, “ismo”, (…), básicamente con cualquier cosa que trate de prescribir la manera de relacionarse con el mundo”. Es un arquitecto que en ningún caso encontraremos escritos suyos con reflexiones, frases transcendentes o categóricas. Está alejado de dogmas, es buen conocedor de la historia del arte, de la arquitectura y muy próximo al mundo del arte contemporáneo. Sabemos de su pensamiento sobre todo por entrevistas, escritas o grabadas en vídeo, alguna película o textos que otros han elaborado sobre él pero desde una óptica muy sesgada. Normalmente se limita a relatar las circunstancias del proceso de trabajo o trato con los clientes mezclando reflexiones superficiales, anécdotas o impresiones. Es por todo esto que cuando un investigador se enfrenta a la labor de tejer un argumento que explique o justifique el trabajo de Gehry se halla en la misma situación que la del crítico que ha de hablar de la obra de un autor fallecido de cuya memoria apenas se conserva rastro. Así pues una manera de tirar del hilo para deshacer el ovillo es partir de determinadas preguntas y de ese modo procederemos.

Se podría decir que la carrera de Gehry tal y como la conocemos hoy, empieza con el proyecto de su casa realizado a sus 50 años, teniendo en cuenta que la realización de ésta significó un cambio radical en la trayectoria profesional que venía desarrollando. En este primer proyecto podemos ver las bases sobre las que se asentará su trabajo por cuando nos dice : “Tengo un repertorio limitado de ideas que voy llevando al límite cada vez más”

Esos argumentos primeros que conforman la base de todo su trabajo serán el hilo conductor que engarza toda aquella trayectoria que en apariencia se mostraba dispar y heterogénea, empezando desde su casa con aspecto de montaje barato hasta el reluciente titanio de las placas que recubren el museo Guggenheim de Bilbao. No obstante, para develar a qué se debe y cómo se ha generado ese repertorio de ideas será necesario hacer un recorrido previo por diversos temas, unos más conocidos que otros, relativos a la historia de los Estados Unidos y a su propia biografía, que servirán para entenderesas claves de un producto inédito hasta la fecha y puramente norteamericano heredero del Pop Art y de la visión rupturista de Robert Venturi y Denise Scot Brown

Es importante señalar que la Ciudad de Los Ángeles es un caso paradigmático, único y especial, muy diferente a cualquier otra ciudad. Allí todo tiene fecha de caducidad y es sustituido sin complejos cuando se vuelve obsoleto o ya no despierta interés. No existe la voluntad de la permanencia o la trascendencia, cada nuevo usuario o nueva generación utilizarán su entorno como mejor considere, eliminando si fuera necesario las huellas de lo anterior. “Ser contextual en Los Ángeles es tanto como ignorar el contexto” nos dice Rafael Moneo, sin embargo Gehry afirma: “Trabajo el contexto, extraigo pistas del contexto. Mi trabajo puede parecer extraño a mucha gente de Europa. Pero nuestro contexto es esto (señalando por la ventana)”. Es una ciudad con un paisaje cambiante que está en permanente movimiento en donde conviven el trabajo artesano delDo It yourself  con la más avanzada tecnología en un ambiente de gran libertad en donde reina la filosofía del laissez faire, es decir de la no-norma. Así pues el trabajo de Gehry surge de ese contexto cambiante e imprevisible. 

Quizás desde los prejuicios deuna visión eurocentrista de la arquitectura sea difícil la aproximación a la obra de Frank Gehry pero no está demás lanzar de vez en cuando una mirada abierta al otro lado del océano porque tarde o temprano todo lo que ocurre allí acaba por dar el salto hacia aquí. Es la reflexión principal de mi libro "Contexto como arquitectura".